Historia

HISTORIA

24 de Mayo de 1986

El Llamado de 1986

Parece increÍble contemplar el paso de los años, conocer la historia de lo que es ahora el Centro EvangelÍstico Penisular. Historia que comienza con el llamado de un joven de apenas 22 años quien tenía el único deseo de servir al Señor que lo había escogido para sus planes.

Dirigiendo a sus jóvenes un día 24 de mayo del año 1986, en uno de los complejos deportivos de la ciudad de Guayaquil, recibió la súbita visita del Superintendente de aquel entonces, el reverendo Marcos Palomeque, quién lo animó a que lo acompañara hasta la ciudad de La Libertad a hacerse cargo de una obra en riesgo de ser cerrada.

Ya hacian cerca de tres meses atrás el pastor Palomeque le habia ofrecido la posibilidad de ir a trabajar a la Península pero el tiempo llegò de improviso esa asolada tarde de Mayo que el joven Alejandro jamás pensó que llegaría.

La Reacción

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- "Permítame ir a casa a despedirme de mi familia quisiera recoger algo de ropa" -, fueron algunos de los pedidos que planteó el hermano Alejandro al pastor que lo trasladaría, quién al no tener disponibilidad de tiempo como para regresarse desde el lugar donde se encontraba, optó por salir con él, tal y como vestía: zapatos deportivos, short y una camiseta y dentro de una funda un pantalón jeans, calcetines y una camiseta sin sudar.

Al llegar a la entonces parroquia La Libertad una nublada y fría tarde de aquel viernes 24 de Mayo, como a las 5 y 30 de la tarde, lo primero que hizo el Superintendente Palomeque y su chofer que lo acompañaba fue atar una bocina al techo de su camioneta y comenzar a perifonear por los alrededores de la descolorida y abandonada iglesia diciendo: -"Ha venido un joven pastor a la iglesia, les invitamos a que esta noche se den cita para oir Palabra de Dios".

Fueron solo 4 ancianitos que aceptaron la invitación. La iglesia, cuyo nombre habia sido Iglesia Central de las Asambleas de Dios, parecía un desierto, sumamente destruida y polvorienta, ni siquiera había un libro de registro de miembros a quién visitar e invitar, además tenía más de tres meses que estaba cerrada con un enorme candado, dispuesta a ser vendida, como eran los planes del Presbiterio General de ese entonces.

El Llamado de 1986

Los pocos miembros que quedaban habían emigrado para otras congregaciones o lastimosamente se habían apartado del Señor. El misionero John Jerry Smith proféticamente había pronunciado respecto a la iglesia en la Península : -"No hay que vender la propiedad, pongamos un hombre con visión y pasión y la historia cambiará para esa tierra".

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El Primer Discurso

La noche del primer culto, un 24 de Mayo del 86, teniendo como asistentes a cuatro personas ancianas (todos ellos actualmente ya descansan con el Señor), el chofer Paredes y el joven pastor ALejandro, el Superintendente Palomeque luego de orar, cantar y recoger el mismo las ofrendas, llamó hacia el pequeño y oscuro altar de reseca madera al hermano Alejandro, al presentarlo dijo: -"Aqui esta su nuevo pastor"-, tras lo cual leyo el pasaje de 1.timoteo 4:6-16 que titula: Un buen ministro de Jesucristo.

Acto seguido hizo arrodillar al hermano ALejandro, poniendo la mano sobre él, luego de esto, dejó el encargo de la predicacion al nuevo pastor, para bajarse del rechinante altar, despedirse de los cuatro adormecidos ancianitos, silvar a su chofer, caminar hacia la puerta de salida, y, desde su vehículo sacar su mano, despidiéndose del desconcertado pastor, su chofer encendió el carro y se regresaron para Guayaquil.

Enunciación Profética

Al ahora nominado pastor Alejandro, solo, sin dinero, sin saber dónde ni en qué dormiría, sin saber si comería o no, sin conocer aquella tierra ni su cultura, desconociendo con que dinero regresaría a Guayaquil no le quedó otra cosa que asumir esta impredecible circunstancia y en ese momento difícil, ante tal audiencia, y con un frío que calaba los huesos, pronunciar uno de los mensajes más decisivos e importantes que marcarían su vida, su ministerio y el futuro de la tierra peninsular: “Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guarda; todo el día y toda la noche, no callarán jamás. Los que os acordáis de Jehová, no reposéis, ni le deis tregua, hasta querestablezca Jerusalén, y la ponga por alabanza en la tierra.” (Isaías 62:6-7).

Este sermón desafió a las tinieblas, a la idolatría, y la hechicería; confrontó al pecado, la apatía y a la ignorancia que allí reinaban; conmovió y removió de aquel lugar las huestes espirituales de maldad; marcó un antes y un después, contempló por fe a los que pastorearía y a quienes amaría, declarando una palabra profética: “Estas bancas nunca más estarán vacías... no fueron hechas ni para el polvo ni para el aire, pues el Dios de Guayaquil debe ser también el Dios de esta región peninsular... ¡¡Decreto que miles entrarán por esa puerta y la Gloria del Señor sobre este lugar será restaurada!!”.

Misión y Visión Por Fe

Así comenzó el Centro Evangelístico Peninsular, sin grandes publicidades, sin tocar trompeta, sin experiencia pastoral, sin credenciales, sin pedir sueldos, casa o sustento, porque tampoco los había. Lo que sí sobraba era amor al Señor, celo por su obra, pasión por las almas, disposición a tiempo completo. Dios ha honrado esos desinteresados y humildes inicios. Se cumplió la palabra: “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo cosecharán.” (Salmos 126:5) 

Años después el pastor Alejandro, quien pudo haberse frustrado por las condiciones poco favorables en que recibió la realidad del ministerio que le dio Dios desde su conversión a los dieciocho años, que supo transformar la adversidad y mirarla como un desafío para la gloria de Dios, le preguntó al pastor Palomeque quién lo había posesionado: -Pastor, ¿Por qué me dejó en esas condiciones, aquella noche de Mayo? ¿por qué me dejó sólo?, por qué no me dejó algo de dinero por lo menos para comer..??- 

El respondía con su acostumbrada gracia de Dios: “Por dos razones: primero porque ya era muy noche, y con una carretera peligrosa no quería llegar tarde a Guayaquil; y segundo porque desde que te conocí vi en ti un ministerio grande, y los hombres con ministerio no sufren hambre, prosperan en cualquier terreno y ganan ovejas aún en la misma Luna”.

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